Nutrición en la Tercera edad

 


El envejecimiento es un proceso natural y progresivo del ser humano, que cada uno de nosotros y cada uno de nuestros órganos experimenta con diferente intensidad. El cuidado de la salud de los ancianos no sólo consiste en un eficaz tratamiento de sus enfermedades, sino que incluye la prevención de las mismas, en cuya base radica la alimentación, pues una nutrición adecuada es eficaz, no sólo para aumentar los años de vida sino también para dar calidad a la vida. El proceso biológico del envejecimiento y sus características repercuten de forma importante en la alimentación y la nutrición de las personas mayores.
Las personas de edad avanzada son especialmente vulnerables al desarrollo de carencias nutricionales. Esta situación de malnutrición puede convertirse en un factor de riesgo de muchas enfermedades y entrar en un círculo vicioso del que les será muy difícil salir.

Factores que condicionan el estado nutricional de las personas mayores

- Factores fisiológicos
- Factores psicológicos
- Enfermedades crónicas y polipatologías
- Polifarmacia

Patologías derivadas de déficits de nutrientes específicos en el anciano

Necesidades nutricionales en el anciano

- Necesidades energéticas
- Necesidades de macronutrientes
- Necesidades de micronutrientes
- Necesidades de agua
- Raciones dietéticas recomendadas
- Fraccionamiento de la ingesta diaria

Patologías derivadas de déficits de nutrientes específicos en el anciano

La ingesta inadecuada de nutrientes, a su vez, dará lugar a la aparición de patologías que serán consecuencia de la falta o del déficit de ese determinado nutriente. Baste, a modo de ejemplo, una breve descripción de dichas patologías:

a) Déficit de vitamina E: Mayor riesgo de infecciones, afectación extrapiramidal,
estrés oxidativo, función cognitiva alterada.
b) Déficit de vitamina K: Mayor riesgo de hemorragias.
c) Déficit de vitamina B6: Reducción en la población de linfocitos B.
d) Déficit de vitamina B12: Anemia megaloblástica y trastornos neurológicos, como parestesias en las extremidades y trastornos graves de la médula espinal.
e) Déficit de ácido fólico: Anemia megaloblástica, depresión e hiperhomocisteinemia.
f) Déficit de calcio y fósforo: Desmineralización y reducción de la masa ósea, con debilidad generalizada y dolor articular.
g) Déficit de selenio: Alteración de la inmunidad y riesgo de enfermedad cerebrovascular aguda.
h) Déficit de zinc: Alteración en la cicatrización de las heridas y en la función inmunológica.
i) Déficit de sodio: Alteración del sistema nervioso central, confusión, obnubilación y letargo.
j) Déficit de potasio: Arritmias cardiacas, confusión mental, hipotonía de la musculatura estriada y del aparato digestivo.
k) Déficit de hierro: Anemia y sordera aguda.
l) Déficit de cobre: Ataxia de la marcha.

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